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title: "Aprender entre Escombros"
article_type: "Article"
description: "Más de 9 millones de estudiantes en Oriente Medio llevan años intentando sostener su vida académica mientras las bombas caen, las universidades se convierten en refugios y los profesores mueren. Un recorrido país por país por el precio educativo de la guerra permanente."
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date_published: "2026-04-14T17:20:00-03:00"
date_modified: "2026-04-14T17:35:43-03:00"
tags:
  - "Educación Medio Oriente"
  - "Guerra"
  - "Medio Oriente"
author_name: "Rodo Herrera"
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category_name: "Actualidad"
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# Aprender entre Escombros

En el contexto de los conflictos más prolongados y devastadores del siglo XXI, estudiar en Oriente Medio se ha convertido en un acto de resistencia cotidiana. Desde la destrucción sistemática de universidades en Gaza hasta los jóvenes yemeníes que asisten a clases en edificios sin ventanas ni electricidad, la región concentra hoy la mayor crisis educativa del mundo contemporáneo. Los datos son brutales: más de 9 millones de estudiantes afectados, centenares de universidades destruidas o cerradas, y generaciones enteras cuyo futuro académico depende de si el alto el fuego dura lo suficiente para rendir un examen.

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La guerra no solo destruye edificios. Destruye trayectorias. Un año de conflicto activo puede representar la diferencia entre completar una carrera o abandonarla definitivamente. En las zonas más afectadas, la tasa de abandono universitario supera el 60%, y en Gaza ha alcanzado el 100% desde octubre de 2023. Pero incluso en países con menos intensidad bélica, como Líbano o Irak, la incertidumbre estructural produce el mismo resultado a cámara lenta: el vaciamiento de los campus.

**Gaza y Cisjordania — El colapso total**

El caso de Gaza representa el extremo absoluto. Desde el 7 de octubre de 2023, la franja ha experimentado la destrucción más acelerada de un sistema educativo en tiempos modernos documentados por organismos internacionales. Según UNESCO, el 100% de las instituciones de educación superior en Gaza han quedado fuera de funcionamiento. La Universidad Islámica de Gaza, la más grande de la franja con 20.000 estudiantes, fue bombardeada en múltiples ocasiones hasta quedar en ruinas.

El colapso no fue repentino. Gaza ya venía de más de una década de bloqueo y ciclos de conflicto que deterioraban progresivamente las infraestructuras educativas. Pero 2023–2024 marcó un quiebre definitivo. UNRWA, el organismo de la ONU para los refugiados palestinos, tuvo que suspender sus propios programas de educación de emergencia en múltiples fases ante la imposibilidad de garantizar seguridad para docentes y alumnos.

En Cisjordania el panorama es diferente pero igualmente preocupante. Las restricciones de movimiento, los cierres de checkpoints y el aumento de la violencia en ciudades como Jenín y Tulkarm han convertido la simple tarea de llegar a la universidad en una gestión de riesgo diaria. Universidades como la de Birzeit o Al-Najah en Nablus mantienen sus puertas abiertas con intermitencia, pero reportan caídas del 30–40% en asistencia presencial.

> "Tengo el apunte del final en el teléfono. Si hay señal y luz, estudio. Si no, espero. Ya no sé cuándo es el examen."
> — Estudiante de Medicina, Universidad Al-Azhar · Gaza, octubre 2024

**Líbano — Universidades como refugio**

Líbano vive una crisis educativa de doble origen: el conflicto en el sur con Israel (que se recrudeció brutalmente entre 2023 y 2024) y el colapso económico estructural del país, que viene arrastrando desde 2019. La combinación ha producido una situación inédita: universidades que funcionan como centros de evacuación y escuelas reconvertidas en refugios para los desplazados del sur del país.

Según UNICEF, más de 1.200 escuelas en el sur libanés y el área sur de Beirut fueron usadas como albergue temporal durante los picos de intensidad del conflicto en 2024. Eso significó la suspensión directa de clases para más de 500.000 estudiantes. La American University of Beirut (AUB) y la Universidad Saint-Joseph lograron mantener operaciones con esquemas híbridos, pero con capacidad reducida y con parte de su personal académico que emigró definitivamente.

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La ironía libanesa es que el país históricamente ha sido exportador de capital humano educado: la AUB y otras instituciones formaron durante décadas a gran parte de la élite profesional árabe. Hoy, esa misma tradición educativa está siendo vaciada por la triple presión del conflicto, la inflación y la fuga de talentos. Se estima que entre 2019 y 2024, más del 40% del cuerpo docente universitario ha emigrado.

**Yemen — Una década de destrucción silenciosa**

Yemen lleva una década de guerra civil que la comunidad internacional convirtió en conflicto olvidado. Desde 2015, el sistema educativo del país más pobre de la península arábiga ha recibido golpe tras golpe. Save the Children documenta más de 2.500 escuelas destruidas o gravemente dañadas. A nivel universitario, solo el 40% de las instituciones de educación superior mantiene algún tipo de actividad parcial.

La cifra de 4,5 millones de estudiantes afectados convierte a Yemen en el país con la mayor crisis educativa de toda la región, aunque su lejanía mediática y la saturación informativa de otros conflictos hace que sus números rara vez encabecen titulares. Las universidades de Saná, Adén y Taiz operan en contextos completamente diferentes según el control territorial: bajo dominio hutí, bajo gobierno reconocido o en zonas disputadas, con planes de estudio, monedas y sistemas de acreditación que ya no se reconocen mutuamente.

**Siria — 14 años de herida abierta**

El conflicto sirio arrancó en 2011 y sigue siendo, en 2025, una de las crisis humanitarias más largas sin resolución. El sistema universitario sirio, que antes de la guerra contaba con instituciones prestigiosas como la Universidad de Damasco (fundada en 1923), quedó fragmentado entre zonas de control: el gobierno de Assad, el norte kurdo (Rojava), las áreas de influencia turca y los últimos reductos de grupos armados.

Solo el 35% de las universidades opera con algún nivel de normalidad, todas en zonas bajo control gubernamental. La matrícula universitaria total cayó un 60% respecto a niveles pre-guerra. Siria tiene además la particularidad de haber exportado su crisis educativa hacia la región: los campos de refugiados en Jordania, Turquía y Líbano albergan a millones de jóvenes sirios cuyo acceso a educación superior en el exilio es mínimo o inexistente.

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**Irak — Reconstrucción entre cicatrices**

Irak presenta el caso más cercano a una "historia de recuperación" dentro de un panorama muy sombrío. La destrucción masiva producida por ISIS entre 2013 y 2017 en ciudades como Mosul, Tikrit y Ramadi dejó más de 3.000 escuelas destruidas y afectó directamente a 1,2 millones de estudiantes en el pico del conflicto. Hoy, a ocho años del inicio de la ofensiva contra el califato, el 70% de las instituciones educativas reporta funcionamiento, aunque con infraestructura aún deteriorada.

La Universidad de Mosul, símbolo del saqueo cultural perpetrado por ISIS (su biblioteca fue quemada sistemáticamente), reabrió sus puertas en 2017 y viene en proceso gradual de reconstrucción. Sin embargo, la normalización coexiste con amenazas persistentes: atentados esporádicos, presencia residual de células ISIS en zonas rurales y una crisis económica que reduce el financiamiento público a la educación. El país mantiene una relativa estabilidad pero la fragilidad es estructural.

**Israel — Reservistas en el aula virtual**

Israel representa el único caso dentro de esta nota donde la mayoría de las universidades sigue funcionando, pero con adaptaciones de emergencia que transformaron completamente la experiencia educativa. Desde octubre de 2023, más de 50.000 estudiantes universitarios fueron convocados al servicio activo de reserva. Las universidades reaccionaron con una virtualización masiva y sin precedentes de sus currículas.

El Technion (Instituto Tecnológico de Israel), la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad de Tel Aviv mantienen sus rankings académicos pero operan bajo una presión institucional inédita: profesores convocados a filas, campus en zonas del norte vaciados por amenaza de cohetes de Hezbollah, y un debate interno creciente sobre el rol de la institución universitaria en tiempos de guerra que ha producido protestas estudiantiles, deserciones académicas y conflictos sobre libertad de expresión en el campus.

**Jordania — El eje educativo regional**

Jordania no está en guerra, pero es el país que más absorbe las consecuencias educativas de los conflictos vecinos. Acoge la mayor población de refugiados en relación a su tamaño del mundo: más de 700.000 sirios y cifras significativas de iraquíes, yemeníes y palestinos. Su sistema universitario funciona al 98% de capacidad, pero bajo una presión demográfica enorme.

La Universidad de Jordania y la Universidad de Yarmouk han desarrollado programas especiales de becas y equivalencias para estudiantes refugiados, en muchos casos con financiamiento del ACNUR. Jordania se ha convertido, casi por defecto, en el hub educativo regional para quienes escapan de los conflictos —un rol que el país ejerce con recursos limitados y que la comunidad internacional subfinancia de manera crónica.

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**La guerra como interrupción permanente**

Lo que define la crisis educativa de Oriente Medio no es solo la destrucción física de las instituciones, sino la incertidumbre como modo de vida académica. Los sistemas educativos pueden reconstruirse; las trayectorias individuales fracturadas son mucho más difíciles de reparar. Cada año de conflicto representa una cohorte de graduados que no existirán, de médicos, ingenieros o maestros que la región no tendrá en una o dos décadas.

La UNESCO estima que el costo de reconstruir solo la infraestructura educativa destruida en los conflictos activos de la región supera los 12.000 millones de dólares. Pero la reconstrucción material es la parte más sencilla. La parte difícil es convencer a los jóvenes de esos países de que el conocimiento tiene futuro en un territorio donde las bombas pueden caer en cualquier momento sobre cualquier biblioteca.

En Gaza, la pregunta ya no es "¿cuándo vuelven a abrir las universidades?" sino si habrá, en un horizonte visible, generación universitaria a quien abrirlas. Es la pregunta más cruel que puede hacerse sobre el futuro de un pueblo. Y hoy, en 2025, nadie tiene respuesta.

**RH**

#### **Fuentes consultadas:****UNESCO Institute for Statistics /****UNICEF — Education in Emergencies /****Save the Children — Yemen/Syria Reports /****UNRWA — Education Reports 2024 /****Banco Mundial — MENA Education /****ACNUR — Refugee Education /****Human Rights Watch 2024**

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