
El sueño de estudiar en Estados Unidos se enfría
Rodo HerreraDurante décadas, estudiar en Estados Unidos representó una de las grandes aspiraciones para millones de jóvenes alrededor del mundo. Harvard, Stanford, MIT, Columbia, UCLA y cientos de universidades públicas y privadas construyeron una industria educativa que no solamente convirtió al país en una potencia académica, sino también en el principal destino internacional para estudiantes universitarios.
Ese liderazgo continúa. Pero comienzan a aparecer señales que difícilmente puedan ignorarse. Los últimos datos disponibles muestran una reducción significativa en la llegada de nuevos estudiantes extranjeros, una fuerte caída en la emisión de visas estudiantiles y un endurecimiento de los mecanismos migratorios y de control establecidos por la administración del presidente Donald Trump.
El fenómeno todavía no significa que Estados Unidos haya dejado de ser el principal destino académico del mundo. De hecho, las cifras totales continúan siendo extraordinariamente altas. Pero la tendencia cambió. Y probablemente allí esté el dato más importante.
Casi 1,2 millones de estudiantes internacionales
Estados Unidos recibió 1.177.766 estudiantes internacionales durante el ciclo académico 2024-2025, de acuerdo con Open Doors 2025, el relevamiento elaborado por el Institute of International Education (IIE) con patrocinio del Departamento de Estado.
La cifra representó aproximadamente el 6% de toda la población de educación superior estadounidense y todavía significó un crecimiento del 5% respecto del ciclo anterior. A primera vista, parecería difícil hablar de una crisis.
Pero el número total incluye estudiantes que ya estaban cursando en Estados Unidos y también a quienes permanecen en el país mediante el programa Optional Practical Training (OPT), que permite trabajar temporalmente en áreas vinculadas con sus estudios.
Cuando se observa el ingreso de nuevos estudiantes, el panorama cambia. Durante 2024-2025 ingresaron por primera vez 277.118 estudiantes internacionales, un 7% menos que el año anterior. La reducción fue especialmente pronunciada entre los nuevos estudiantes de posgrado, cuyo número cayó 15%. Era la primera señal. La siguiente sería considerablemente más fuerte.
La caída se aceleró en 2025
El relevamiento realizado por el IIE para el otoño de 2025, sobre 828 instituciones que representan aproximadamente el 63% de los estudiantes internacionales contabilizados por Open Doors, registró una caída del 17% en las nuevas matriculaciones internacionales.
Es decir: casi uno de cada cinco nuevos estudiantes internacionales que estadísticamente podrían haberse incorporado siguiendo la tendencia anterior dejó de hacerlo. El comportamiento fue además desigual según el nivel educativo.
Mientras las matriculaciones internacionales de grado aumentaron aproximadamente 2%, las de posgrado disminuyeron 12% y las correspondientes a programas sin titulación cayeron alrededor de 17%.
En total, el número de estudiantes internacionales reportado por las instituciones participantes disminuyó 1%, aunque el crecimiento de quienes se encontraban realizando OPT amortiguó considerablemente la caída.
Hay otro dato revelador: 57% de las universidades consultadas informó una reducción de sus nuevos estudiantes internacionales. Y las propias instituciones comenzaron a prepararse para los retrasos. El 72% permitió a estudiantes admitidos postergar su incorporación hasta la primavera de 2026 y el 56% ofreció aplazarla hasta el otoño de 2026.
Menos visas para estudiar en Estados Unidos
La matrícula universitaria cuenta solamente una parte de la historia. La otra aparece en los consulados.
Los datos del Departamento de Estado correspondientes a 2025 muestran que la emisión de nuevas visas estudiantiles cayó 23% respecto del año anterior, según un análisis publicado en agosto de 2026 por Inside Higher Ed a partir de las estadísticas oficiales.
Algunos de los principales mercados educativos de Estados Unidos sufrieron reducciones todavía mayores.
India, uno de los mayores proveedores de estudiantes internacionales de las universidades estadounidenses, registró una caída de 56,6% en visas estudiantiles emitidas. El impacto ya había quedado expuesto durante el verano de 2025. Entre junio y agosto se emitieron aproximadamente 186.160 visas estudiantiles, más de 100.000 menos que durante el mismo período del año anterior.
La reducción durante ese verano alcanzó aproximadamente 35,6%, aunque la diferencia se fue moderando hacia agosto. Entre los estudiantes procedentes de India, la caída durante esos meses llegó al 63%.
No todas estas reducciones pueden atribuirse exclusivamente a una única política migratoria. Las decisiones de los estudiantes dependen también del costo universitario, el tipo de cambio, las oportunidades laborales posteriores, la competencia de otros países y las condiciones económicas de cada mercado. Pero el endurecimiento migratorio estadounidense coincide temporalmente con una aceleración de la caída.
Más controles para obtener una visa
Desde 2025, el gobierno estadounidense amplió significativamente los controles relacionados con las visas de estudiantes. Los solicitantes de visas F, M y J —correspondientes respectivamente a estudiantes académicos, vocacionales y participantes de programas de intercambio— están sujetos a revisión de su presencia online.
El propio Departamento de Estado establece actualmente que los solicitantes deben configurar sus perfiles de redes sociales como “públicos” o “abiertos” para facilitar esos controles.
La administración argumenta que estas verificaciones forman parte de los mecanismos necesarios para determinar posibles riesgos para la seguridad nacional y la seguridad pública.
A ello se agregaron restricciones según nacionalidad. Desde el 1 de enero de 2026, Estados Unidos mantiene una suspensión total de emisión de visas para ciudadanos de 19 países, con excepciones limitadas, y restricciones parciales para ciudadanos de otros 19.
En este segundo grupo, las restricciones afectan expresamente las visas estudiantiles F, M y J. Entre los países alcanzados se encuentran Cuba, Nigeria y Venezuela, además de diversas naciones africanas y del Caribe. El problema no termina allí.
Las demoras para conseguir entrevistas consulares continúan siendo significativas en determinadas representaciones estadounidenses. Los datos publicados por el propio Departamento de Estado muestran esperas que, dependiendo del consulado, pueden alcanzar varios meses para visas F, M y J.
Una competencia global cada vez mayor
El riesgo para Estados Unidos no consiste solamente en perder estudiantes. Consiste en que esos estudiantes tienen alternativas.
Canadá, Reino Unido, Australia y distintos países europeos llevan años desarrollando políticas destinadas a captar talento internacional. La decisión de dónde estudiar ya no depende únicamente del prestigio de una universidad.
También intervienen el costo, la facilidad para obtener una visa, las posibilidades de trabajar durante o después de los estudios, las oportunidades de residencia posterior y, cada vez más, la percepción de seguridad jurídica y migratoria.
Para un joven de India, China, Brasil, Colombia, Argentina, México o España que está evaluando invertir decenas o incluso cientos de miles de dólares en su formación, la previsibilidad también tiene valor. Y las universidades estadounidenses parecen comprenderlo.
El 84% de las instituciones consultadas por el IIE considera prioritaria la captación de estudiantes internacionales, mientras que el 78% mantiene o incrementa los recursos destinados a esa tarea. Existe una razón académica, pero también una razón económica.
Un negocio de más de US$40.000 millones
Los estudiantes internacionales constituyen una importante fuente de ingresos para la economía estadounidense.
NAFSA, la principal asociación estadounidense especializada en educación internacional, calculó que durante el ciclo 2024-2025 los estudiantes extranjeros aportaron aproximadamente US$42.900 millones a la economía de Estados Unidos y sostuvieron 355.736 puestos de trabajo.
Ese dinero no queda únicamente dentro de las universidades. Incluye alojamiento, alimentación, transporte, seguros médicos, telecomunicaciones, entretenimiento, viajes y otros gastos realizados por estudiantes y familiares. Por eso la reducción en las matriculaciones comienza a trasladarse a la economía.
Sobre la base de la caída observada en otoño de 2025, NAFSA y JB International estimaron una pérdida aproximada de US$1.100 millones y cerca de 23.000 empleos.
California encabezaría las pérdidas, con unos US$161,9 millones; Nueva York, US$152,5 millones; Massachusetts, US$92,1 millones; Texas, US$64,6 millones; Illinois, US$62,1 millones; y Florida, alrededor de US$38,6 millones.
Son estimaciones económicas, no cifras gubernamentales definitivas, pero permiten dimensionar las consecuencias potenciales del cambio.
2026 podría ser todavía peor
La principal incógnita está ahora en el ciclo académico que comienza. En agosto de 2026, NAFSA publicó una nueva proyección basada, entre otros elementos, en respuestas institucionales recogidas por el IIE durante la primavera.
El escenario más adverso contempla que Estados Unidos podría recibir hasta 111.000 estudiantes internacionales menos durante el otoño de 2026. Eso reduciría la población internacional considerada en la estimación desde alrededor de 1,17 millones hasta aproximadamente 1,06 millones de estudiantes.
El impacto económico podría alcanzar los US$3.400 millones, mientras que casi 40.000 empleos estadounidenses podrían verse afectados.
Debe hacerse una distinción importante: se trata de una proyección, no de estudiantes que ya se hayan perdido. Las cifras definitivas de matriculación del ciclo 2026-2027 todavía no están disponibles. Sin embargo, la combinación de menores solicitudes, dificultades para conseguir entrevistas consulares, controles migratorios más estrictos y restricciones según nacionalidad llevó a las organizaciones educativas a anticipar otro año complicado.
Estados Unidos también compite por talento
La discusión trasciende a las universidades, más del 57% de los estudiantes internacionales que cursaban en Estados Unidos en 2024-2025 estudiaba carreras STEM —ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas—, áreas directamente relacionadas con sectores considerados estratégicos para la economía estadounidense.
Las universidades no solamente importan estudiantes, importan conocimiento.
Una parte de esos graduados posteriormente participa en programas de entrenamiento profesional, desarrolla investigaciones, crea empresas o termina incorporándose al ecosistema tecnológico, científico y empresarial estadounidense.
Por eso existe una paradoja, Estados Unidos intenta reforzar sus fronteras y aumentar los mecanismos de control migratorio al mismo tiempo que sus universidades y empresas compiten internacionalmente por captar a los mejores estudiantes, investigadores e ingenieros. Ambos objetivos no son necesariamente incompatibles, la cuestión será encontrar el equilibrio.
Una señal que recién comienza
Estados Unidos continúa teniendo posiblemente el ecosistema universitario más poderoso del mundo y conserva una capacidad extraordinaria para atraer talento.
Una caída de uno o dos ciclos académicos difícilmente vaya a modificar ese liderazgo por sí sola, pero las cifras actuales muestran algo que merece atención.
Primero cayó 7% la llegada de nuevos estudiantes internacionales en 2024-2025, después cayó 17% en el otoño de 2025. Las visas estudiantiles emitidas durante 2025 disminuyeron 23%.
Y ahora las estimaciones para 2026 plantean la posibilidad de perder hasta 111.000 estudiantes adicionales. Por separado, cada número podría interpretarse como una fluctuación, juntos empiezan a dibujar una tendencia.
En una economía global donde Estados Unidos compite con Europa, Canadá, Australia y Asia no solamente por capital sino también por capital humano, las políticas migratorias tienen consecuencias que van mucho más allá de una frontera, porque cuando un estudiante internacional decide no estudiar en Estados Unidos, generalmente no abandona su proyecto educativo.
RH/ME



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