
Leer en 2026: el papel no volvió, porque nunca se fue
En 2010, cuando los lectores electrónicos se vendían por millones, la Feria de Fráncfort y buena parte de la industria daban por hecho que el ebook iba a hacer con el libro lo que el MP3 le hizo al disco. La predicción no se cumplió. En 2025 los estadounidenses compraron 762,4 millones de libros impresos, un poco más que el año anterior, y en España las editoriales encadenaron su duodécimo año seguido de crecimiento, casi todo en papel.
Sobran señales de un "regreso" del libro físico: librerías llenas en Madrid, adolescentes que exhiben sus lecturas en TikTok, ferias del libro con récord de público. La pregunta es si eso es una tendencia o una ilusión. Los números dicen algo más interesante que las dos cosas.
El papel no volvió porque nunca se fue
El primer dato desarma la idea del "regreso": el libro impreso nunca perdió la mayoría. En Estados Unidos, el mercado más digitalizado del mundo, el papel representa el 76,3% de los ingresos de las editoriales de libros de consumo, según la Asociación de Editores Estadounidenses (AAP). En España, de los 3.123 millones de euros que facturó el sector en 2025, 2.945 millones fueron libros en papel. En Colombia, nueve de cada diez libros vendidos son impresos.
Lo que sí ocurrió es otra cosa: el digital dejó de crecer como se esperaba. El ebook se estancó en casi todos lados, con subas de entre el 1% y el 3% anual. La gran revolución anunciada terminó en un reparto de tareas.
Europa: la excepción ibérica
En Europa el libro digital pesa poco en todos lados, entre un 6% y un 10% del mercado. Pero el continente está partido en dos según hacia dónde va el papel.
De un lado, España y Portugal. La Federación de Gremios de Editores de España habla directamente de un "fenómeno ibérico": en 2025 la venta de libros en papel subió un 3,1% en España, mientras en la mayoría de los mercados europeos bajaba. Portugal creció todavía más, un 7,6% en valor, aunque con una advertencia de su propia industria: buena parte del empujón vino de los libros para colorear y los infantiles, y en el segundo trimestre de 2026 las ventas ya cayeron un 2%. El Reino Unido también marcó un récord histórico de facturación editorial, aunque allí el motor fue el audio.
Del otro lado, los grandes mercados continentales. Alemania facturó 9.620 millones de euros, un 2,7% menos, y acumula dos años en baja. Italia vendió tres millones de libros menos que el año anterior. Francia cerró con 419,6 millones de ejemplares, un 1,5% por debajo de 2024, y aunque desde 2019 su mercado creció en valor, vende menos libros que antes de la pandemia.
¿Por qué crece el papel en la península? No hay una sola respuesta. Pesan la red de librerías de barrio, que en España canalizan tres de cada cuatro libros vendidos y una ley de precio fijo que impide la guerra de descuentos de las grandes plataformas.
América: un norte digital y un sur atado a la economía
Cruzando el Atlántico el panorama cambia de eje. En Estados Unidos y Canadá el digital ya es parte del paisaje: en EE.UU. los audiolibros y los ebooks suman el 21,5% del negocio de libros de consumo, más del doble que en cualquier país europeo. Aun así, el papel se sostiene: las ventas impresas crecieron un 0,3% en EE.UU. y un 4,1% en Canadá en 2025.
En Latinoamérica el digital casi no existe como mercado: en México nunca superó el 1% de las ventas y en Colombia ronda el 9%, concentrado en libros técnicos y educativos. Acá el formato importa menos que el bolsillo y que el Estado. Brasil vendió un 6,5% más de ejemplares y Colombia superó por primera vez el billón de pesos en ventas. En el extremo opuesto, Argentina publicó una cantidad récord de títulos, 36.942, pero imprimió un 34% menos de ejemplares que en 2024, sobre todo porque el Estado prácticamente dejó de comprar libros. México también sintió el fin de las compras públicas de libros de texto.
Hay un detalle que resume la época: mientras las librerías argentinas reportan caídas de hasta el 20%, la venta de libros en MercadoLibre creció un 26% en ejemplares en el primer semestre de 2026, según datos de la plataforma difundidos por el sector. El libro de papel no desaparece; cambia de mostrador.
Bibliotecas: compro papel, presto digital
Si en las librerías el papel resiste, en las bibliotecas la historia va en sentido contrario. A través de Libby y Sora, las aplicaciones de la empresa OverDrive, las bibliotecas y escuelas del mundo prestaron 820,5 millones de títulos digitales en 2025, un 10% más que el año anterior y un récord. En paralelo, las visitas físicas a las bibliotecas públicas de EE.UU. se redujeron casi a la mitad entre 2019 y 2022, y sus estanterías tienen hoy un 20% menos de libros impresos que en 2010.
Europa va unos pasos atrás, pero en la misma dirección. En la Comunidad de Madrid, eBiblio ya presta más que las bibliotecas regionales: en 2025 superó los 1,6 millones de préstamos, frente a unos 1,4 millones en papel. El servicio digital vasco, eLiburutegia, batió incluso el récord que había marcado durante el confinamiento. Y en agosto de 2026 OverDrive compró la empresa detrás de Onleihe, la plataforma de préstamo digital dominante en Alemania, Austria y Suiza.
Eso no significa que la biblioteca de papel esté muerta. En el Reino Unido, el 82% de los préstamos de novela sigue siendo en formato físico, y entre los niños la cifra trepa al 94%. En Canadá, tres de cada cuatro libros prestados son impresos. El patrón que asoma es claro: el libro que uno quiere conservar se compra en papel; el que se lee una vez, se pide prestado en el teléfono.
El ganador silencioso: el audiolibro
Mientras se discutía papel contra pantalla, otro formato se llevó el crecimiento. En Italia el ebook subió un 2,4% en 2025 y el audiolibro un 13,3%. En el mercado en español, el ebook creció un 1,5% y el audio un 11,5%. En el Reino Unido el audio ya es el 10% de todo el mercado editorial, y en EE.UU. factura más que el ebook.
La explicación tiene más que ver con el tiempo que con la tecnología. El audiolibro no compite con el libro en la mesa de luz: compite con el podcast en el auto, el gimnasio o el transporte. Por eso no le quita lectores al papel; le suma horas a la lectura. El dato de las bibliotecas lo confirma: dentro del préstamo digital, los ebooks apenas crecieron un 3% en 2025.
Qué significa leer en 2026
La intuición de que "volvemos al papel" es correcta a medias. Hay un renacer del libro como objeto: se regala, se colecciona, se muestra en redes, se compra en la librería del barrio. Pero no hay un abandono de lo digital. Lo que hay es una división del trabajo que pocos anticiparon hace quince años.
En 2026, leer es tres cosas a la vez. Es comprar en papel lo que queremos tener. Es pedir prestado en el teléfono lo que queremos leer una vez. Y es escuchar lo que no tenemos tiempo de sentarnos a leer. América del Norte ya vive en ese modelo; Europa lo está adoptando a su ritmo, protegida por sus librerías; y Latinoamérica, por ahora, sigue leyendo en papel, aunque lo que decide cuánto lee no es la tecnología, sino el bolsillo. El libro no murió ni resucitó. Se multiplicó.



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